Ya lo sabemos, lo más destacable en el grupo de piostros es la yunta de mulas, donde un “paje” montado en una mula lleva a una mujer sentada en jamuga o silloncillo en la otra. (Y decimos “mujer” porque hasta ahora solo han sido mujeres las que han ido en ese lugar)

Es lo más característico y, además, va en aumento. Este año se han contabilizado hasta 55 yuntas, es decir, 55 jamugas y silloncillos.

Las jamugas

En mi opinión, quizás para convencernos a nosotros mismos que aquí en Andalucía no siempre ponemos una jota donde en realidad hay una hache, son muchas las personas que en vez de decir “jamuga” dice “hamuga”. Y no, “hamuga” no existe, es “jamuga”:

  • jamuga (del latín medieval sambuca ‘andas para transportar mujeres distinguidas’, ‘parihuelas’, este del latín sambūca ‘máquina de guerra en forma de puente levadizo’, y este del griego σαμβύκη sambýkē ‘arpa’): Silla de tijera, con patas curvas y correones para apoyar espalda y brazos, que se coloca sobre el aparejo de las caballerías para montar cómodamente a mujeriegas. (En plural con el mismo significado que en singular)

Aunque la Real Academia Española solo hace referencia al tipo de silla que se coloca sobre una caballería, debemos saber que también se denomina “jamuga” a otro tipo de sillas. Simplemente son sillas de doble tijera que permiten ser plegadas, como ésta:

Y, por supuesto, en muchísimas fiestas donde participan caballerías podemos ver mujeres sentadas en jamugas. Un ejemplo es la Romería de la Virgen de la Cabeza en Andújar, donde incluso se le ha hecho una monumento a la “mujer en jamuga“:

El silloncillo

Y como no podemos parar de cambiar palabras a lo largo del tiempo, al sillón también le hemos dado nuestro matiz diferenciador. La propia RAE define “sillón” como una silla de montar para mujeres, no hacía falta variar la palabra, ponerla en diminutivo para diferenciarla: 

  • Sillón: Silla de montar construida de modo que una mujer pueda ir sentada en ella como en una silla común.

Al almohadón que se coloca sobre la mula para más comodidad de la mujer se le denomina por estos lares “colchoncillo”… ¿Por eso llamamos a lo otro “silloncillo”? ¡A saber!

Al final, los nombres importan poco, más interesante es ese gran empuje en su utilización. Estamos de enhorabuena.

Pedro de la Fuente Serrano
Pedroche, 14 de diciembre de 2018


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